lunes, 1 de febrero de 2010

Un vistazo hacia atrás...

Hoy, me he detenido y he dado un vistazo hacia atrás, allá, hasta donde mi mente alcanza a vislumbrar el panorama de recuerdos, y al instante se dibuja en mi rostro una vasta sonrisa con todos y cada uno de esos momentos que han forjado mi forma de ser, para bien o para mal, ustedes dirán, pero en cada etapa de mi vida, no existe pizca de deseo alguno de regresar, porque en cada una de ellas, las disfruté al máximo, aún con los errores cometidos, ya que también fueron necesarios para desarrollar mi personalidad.

Fue un viaje en el que comenzó con un infante extrovertido, conversador y muy ocurrente, llegando al niño que no deseaba quedarse solo en el kinder, haciendo de todo para que mamá no se fuera (por poco y se hace maestra).

Avanzando hasta la pubertad y el adolescente, etapa en la que mis amigos, verdaderos amigos y unos no tanto, otros de mayor edad a la mía,  jugaron un papel muy importante, ya que me dieron distintos puntos de vista de cómo se puede vivir la vida, dependiendo de las decisiones tomadas, cargando con las consecuencias, etapa en donde uno siente la necesidad de pertenecer a determinado grupo por aceptación y/o reconocimiento, en donde deseaba saber y conocer de todo (bicicleta, patineta, patines, guitarra, trompo, chibolas/canicas, piscucha/cometas, billar, alcohol, cigarros, bailar - Drogas, tuve la oportunidad, mas no lo hice),  momento en el que ese infante extrovertido y conversador no encontraba coordinar palabras para hablar -sin temblar- frente a alguna compañera/amiga que le gustara, porque sabía que su expresión corporal delataría lo que en su corazón se encontraba en un par de segundos, por suerte, hoy, puedo dar vuelta a esa página en un abrir y cerrar de ojos, aunque hay momentos, ya de adulto, ese joven ha deseado resurgir.

Llegando al día de hoy, ya "adulto", en donde a diario comprendo más y más cada una de las palabras de mi padre, van tomando forma en ese rompecabezas de sabios consejos, los cuales medito constantemente, ya que dentro de mí yace un deseo inquebrantable de emular el rol que mi padre ha desempeñado, a mi parecer, con excelencia en mi familia,  tratando de poner en práctica todo lo que él cultivó en mí como persona; estoy consiente de que me hace falta mucho por aprender, pero decidido estoy a poner lo que esté a mi alcance para lograr lo que siempre deseaba desde joven, tener una familia feliz, llena de amor y mucha felicidad.

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